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Don Alejandro Soto Chávez y su amor por el Cobach

nota22092022Un hombre apasionado de su trabajo y con un profundo amor por la institución que le ha permitido desarrollarse laboralmente, así es Don Alejandro Soto Chávez.

Es de los fundadores en el Colegio de Bachilleres del Estado de Sonora (Cobach). Tiene laborando los mismos años que cumple el Colegio de haber nacido. Y eso lo llena de satisfacción.

Tiene 47 años de prestar sus servicios para el Cobach en el Plantel Navojoa, siempre con el mismo entusiasmo y vitalidad que le caracteriza.

“Posiblemente, sea el empleado de mayor antigüedad, soy uno de los fundadores, eso me da mucha satisfacción”, cuenta en entrevista.

Entró a laborar a este subsistema educativo un 12 de octubre de 1975, en las instalaciones que ahora ocupa el Itson, Unidad Centro.

Posteriormente, en 1976, recuerda con nostalgia, “nos venimos a las actuales instalaciones”, donde tuvo la oportunidad de desempeñarse 9 años como jefe de servicios y 10 años como velador.

De estatura promedio y tez morena, bañada por el Sol, don Alejandro relata que en los últimos 19 años los ha trabajado como empleado del área de servicio.

“El trabajo es mi vida, no me veo haciendo otra cosa, pero estoy consciente de que algún día tendré que retirarme, pero, por el momento, eso no cruza por mi mente”, señala.

Soto Chávez pronto cumplirá 50 años de trabajo y a sus 75 años de edad establece que: “Aún me siento fuerte y siempre busco dar el extra para cumplir al 100 por ciento con mi trabajo: Dejar las áreas limpias que tengo asignadas”.

Y es que para don Alejandro no hay minuto de descanso, su jornada laboral inicia sin descanso a las 6 de la mañana y termina a la 1 de la tarde, siempre ataviado con su uniforme característico de trabajo, camisa y pantalón azul.

A pregunta expresa, relata que para él, el trabajo es vitalidad, le da fuerza, le proporciona energía para seguir este mundo de claroscuros llamado vida.

“Le tengo una gratitud infinita a Cobach Navojoa, agrega, este plantel es mi vida, le tengo un profundo amor y respeto, pues me ha brindado la oportunidad de llevar el sustento a casa y fue la casa de estudio de mis dos hijas”.

Don Alejandro, de pocas palabras, mirada transparente y pensamiento lúcido, señala que su trabajo habla por él. Y es cierto, nadie puede decir lo contrario, por eso se ha ganado la admiración y respeto de muchos.

“Aquí tengo muchos amigos, todos nos llevamos bien, todos somos una gran familia, nos apoyamos mutuamente para sacar adelante al plantel y éste siga siendo la mejor preparatoria del municipio”, apunta.

Por igual son sus amigos: Maestros, directivos, alumnos, compañeros jubilados, “tengo grandes recuerdos y anécdotas que me alimentan y animan a seguir adelante por varios años más”, expresa.

Por ese motivo, por su dedicación, esfuerzo y años de servicio, Don Alejandro ha recibido múltiples reconocimientos de parte de las autoridades del Colegio y es ejemplo de muchas generaciones.

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